Alcohol y sueño

Cruda de alcohol, calidad de sueño y somnolencia diurna. ¿Es bueno tomar alcohol para mejorar el sueño?

Dr. Reyes Haro Valencia

Instituto Mexicano de Medicina Integral del Sueño

Una copa de vino antes de acostarse puede parecer benéfica  para dormir, sin embargo no se debe confiar en esto ya que afecta la calidad del sueño.

Uno de los trastornos de sueño más frecuentes es el insomnio, consiste en la dificultad para dormir o mantener el sueño. Ante la desesperación de no poder dormir correctamente, las personas con insomnio intentan  resolverlo de cualquier forma antes de buscar apoyo médico. El consumo de alcohol es una de las estrategias mas utilizadas para tratar de dormir mejor. Se estima que 30 % de las personas con insomnio beben alcohol previo al  dormir. Toman alguna bebida antes de irse a la cama con la intención  de dormir más rápido. Se sabe  que el alcohol efectivamente ayuda a conciliar más rápido el sueño, sin embargo, se ha demostrado que esta práctica provoca un sueño de mala calidad, en términos de interrupciones nocturnas del sueño, con mayor duración del sueño ligero y menor tiempo de sueño profundo, lo que provoca el despertar con sensación de sueño no restaurador.

Los efectos son diferentes  en cada persona.  Algunos presentan sudoración que refleja  un desajuste en el proceso de termorregulación corporal durante sueño, y sueños muy vívidos. De hecho, la bebida baja ligeramente la temperatura corporal para después elevarla. En estudios controlados se ha demostrado que con el alcohol se sueña después del tiempo normal,  además  se presenta  un rebote del sueño MOR, etapa en la que suceden los sueños, haciéndolos muy intensos  en la segunda mitad de la noche.

Una de las explicaciones fisiológicas por las que la gente comienza a beber por la noche es que el alcohol en dosis bajas tiene propiedades agonistas de GABA, neurotransmisor  depresor del sistema nervioso, como la mayoría de los medicamentos utilizados para el control del insomnio, pero al igual que muchos medicamentos, aumenta el sueño ligero y disminuye el profundo, es decir, da un sueño muy superficial.

El efecto relajante del alcohol provoca ronquido y lo aumenta en quien ronca de manera habitual, su efecto depresor produce disminución de la función respiratoria durante el sueño, esto hace que se presenten apneas o interrupciones en la respiración de una manera directamente relacionada con la cantidad de alcohol ingerida. La apnea de sueño afecta a millones de personas en nuestro país, y es intensificada  por el alcohol. Incluso bebedores ocasionales pueden experimentar apnea. Quien duerme con una persona roncadora nota que el ronquido y las apneas aumentan después de la ingesta de alcohol.

Los efectos de la resaca, atribuidos al esfuerzo del cuerpo para metabolizar el alcohol,  a menudo son en parte causados por la alteración de la respiración durante el sueño.

Otro aspecto negativo es que el alcohol es diurético, entonces afectará la continuidad del sueño al tener que levantarse a orinar o al menos sentir ganas de hacerlo provoca que el sueño sea de calidad deficiente por las frecuentes interrupciones.

Diversos estudios han demostrado que el consumo nocturno de alcohol disminuye las capacidades motoras y cognitivas, lo que aumenta el riesgo de accidentes. La explicación a esto es la disminución del sueño profundo ocasionada por el alcohol, ya que durante esta forma de sueño el cuerpo y el cerebro se restauran.

El riesgo potencial de dependencia y tolerancia son otros elementos que deben considerarse, a menudo se inicia con una copa, pero al cabo del tiempo se pierde el efecto deseado y se aumenta el consumo, con la consecuente afectación en la continuidad  y profundidad del sueño. De hecho, el mal dormir y el malestar que conlleva el síndrome de abstinencia en personas adictas se considera que es una de las principales causas de recaída en alcohólicos que intentan dejar la bebida.

También la relación causal se da en el sentido opuesto; personas que no duermen bien por la noche y se sienten cansados durante el día, son  más propensos a beber por la noche.

Lo anterior deja claro que el alcohol no debe considerarse una estrategia adecuada para mejorar la inducción y el mantenimiento del sueño. El alcohol es bueno  para los propósitos de compartir  y socializar siempre en consumo moderado, pero es una mala muy mala medicina para dormir. Si el  objetivo es conseguir un buen sueño, el alcohol es absolutamente una decisión equivocada.