¿Cómo dormir? Los principales mitos

Dormir del lado izquierdo oprime el corazón

El corazón como todos los órganos vitales está lo suficientemente protegido por lo que dormir de lado izquierdo no afecta en lo absoluto. Duerme en la postura que más te agrade, no existe una postura universal, cada persona tiene una postura preferida para dormir. Una de las medidas de higiene de sueño más eficaces para lograr dormir mejor es el control postural. Debes identificar la manera en que más te guste dormir, no importa si es sobre tu costado izquierdo, mantén siempre la misma postura para iniciar el sueño, y vuelve a ésta cada vez que despiertes al tiempo que te concentras en tu respiración. Cuando despiertes durante la madrugada, notarás que ya no estás en la postura inicial, los movimientos y cambios posturales son normales durante el sueño. Es normal despertar brevemente durante la noche, conserva la calma y evita levantarte a realizar cualquier actividad, sólo reasume tu postura predilecta y el sueño vendrá fácilmente.

No importan las condiciones de la recámara

La recámara es el sitio de casa en el que más tiempo pasamos a lo largo de la vida. Para dormir mejor, ésta debe ser un lugar agradable, decorado de acuerdo a los gustos y capacidad económica de cada persona o familia, pero definitivamente se le debe poner la debida atención. La cama, el colchón, la almohada, la ropa de cama, la ropa de dormir, la iluminación y la temperatura, son elementos muy importantes que deben revisarse con frecuencia para mantenerse en condiciones adecuadas que favorezcan el bien dormir.

Al soñar el cerebro está muy activo e interrumpe el descanso

Si sueñas habitualmente, alégrate, pues eso indica una buena calidad de sueño. El proceso del sueño se divide en cuatro fases, al cumplirse éstas cada 90 minutos aproximadamente en el adulto, se da un ciclo de sueño, entonces tenemos varios ciclos cada noche: las etapas I y la II se conocen como sueño ligero y son etapas de transición al sueño profundo, la III etapa es parte del sueño profundo y a esta se le atribuyen las funciones restauradoras del dormir, junto con la fase REM (rapid eye movements) o MOR (movimientos oculares rápidos) en español. Durante esta fase de sueño profundo soñamos, por lo que es difícil despertar. Al sueño MOR se le atribuyen las funciones restauradoras de nuestras funciones mentales superiores. Entonces el soñar indica que llegamos al sueño más profundo para lo cual debimos pasar por las etapas previas y con ello se cumplen adecuadamente las funciones del sueño. Por lo anterior, es un error creer que los sueños no nos dejan descansar, de hecho uno de los objetivos del tratamiento de los trastornos de sueño en las clínicas especializadas es restablecer la capacidad de soñar de las personas, toda vez que soñar es un indicador de buena calidad de sueño.

Podemos aprender mientras dormimos

Cuando dormimos nos desconectamos parcialmente del medio externo, durante el sueño ligero aún percibimos los estímulos circundantes. En el sueño profundo nuestro cuerpo entra en modo de reparación física y mental y prácticamente no se perciben los estímulos externos. No tenemos conciencia al dormir, por lo que es imposible aprender mientras dormimos. Lo que si ocurre es que durante el sueño MOR se consolida lo aprendido durante el día. Es por ello que la disminución de esta etapa produce problemas de aprendizaje, atención y memoria como sucede en personas roncadoras o que toman medicamentos para dormir por tiempos prolongados quienes tienen disminuida la duración de esta importante etapa de sueño.

Toda persona necesita dormir 8 horas para funcionar correctamente

Cada persona tiene diferentes necesidades en cuanto a la cantidad de sueño que debe tener al día, dependiendo de sus actividades y su organismo. Las 8 horas son un promedio que varía de persona a persona y no debemos obsesionarnos con dormir esas 8 horas. No obstante lo recomendable es tratar de dormir al menos 7 horas diarias. Sabrás si estás durmiendo lo que tu cuerpo requiere en la medida que amanezcas con la energía y motivación suficiente para el desempeño de tus actividades y que te sientas bien a lo largo del día, sintiéndote somnoliento sólo en la noche. Otros indicadores de sueño insuficiente son dolor de cabeza, de nuca, espalda o cuello, somnolencia, irritabilidad, problemas de atención y de memoria, así como la necesidad de consumir algo que te mantenga despierto durante el día.

Hay personas que funcionan mejor durmiendo sólo 4 horas o menos

Existen personas que duermen 4 horas y presumen por ello. Según diferentes estudios realizados en distintos países, quienes duermen muy poco no se dan cuenta de lo cansados y somnolientos que están durante el día, son personas que con frecuencia requieren de una siesta prolongada. La falta de sueño afecta el rendimiento, la eficiencia, el juicio y la habilidad para poner atención, aún a las cosas más simples. Las personas que se enorgullecen de dormir muy poco no están consientes de que padecen estos síntomas. Su sistema inmunológico se ve debilitado y se puede ganar peso. El exceso de sueño como la falta resulta en problemas similares: padecimientos del corazón y muerte prematura. Hay estudios que han demostrado que las personas que con frecuencia duran más de 18 horas despiertas actúan de manera similar a cuando han ingerido bebidas alcohólicas, es decir, son lentas torpes y están somnolientas permanentemente.

El sueño perdido durante la semana se recupera durmiendo mucho en fin de semana

El sueño es una función que debe cumplirse diariamente, lo mismo que el alimento. La privación de sueño afecta el funcionamiento físico y mental y acelera el proceso natural de envejecimiento. Tratar de dormir mucho en fin de semana afecta la expresión de los ritmos biológicos y no recupera el tiempo de sueño perdido en la semana. La mayoría de la gente adulta requiere dormir entre 7-9 horas todos los días para mantenerse en forma y tener una vida saludable. La noción de lo que ocurre cuando somos privados del sueño con frecuencia suele ser errónea. Al no dormir lo suficiente, surge una deuda de sueño que será más difícil de recuperar, en la medida en ésta se vuelva crónica. La deuda de sueño ha sido relacionada con otros problemas de salud como la obesidad y la hipertensión arterial, depresión e irritabilidad, disminución de la productividad, aumento en el riesgo de accidentes de tránsito, domésticos y laborales, entre otras muchas cosas.

Entonces dormir poco o dormir mal es un auténtico peligro para la salud. La falta de sueño afecta la producción de las hormonas del crecimiento y de la saciedad, lo que está vinculado a la obesidad y ésta a su vez está relacionada con el ronquido y la apnea de sueño. Disminuir la cantidad de secreción estas hormonas aumenta considerablemente la probabilidad de aumentar peso y de presentar síndrome metabólico. La presión sanguínea disminuye durante el sueño, y dormir poco puede afectar negativamente a este descenso normal, lo que lleva a hipertensión y a problemas cardiovasculares. Diferentes investigaciones también han demostrado que la deuda de sueño deteriora la capacidad del cuerpo para usar la insulina, que puede conducir a la aparición de la diabetes.

Los adultos mayores duermen poco

Los seres humanos en general, necesitamos la misma cantidad de sueño a lo largo de la vida adulta, aunque los patrones de sueño puedan cambiar a medida que envejecemos. Las personas mayores se despiertan con mayor frecuencia durante la noche y en realidad puede tener menos horas de sueño nocturno, pero su necesidad de sueño no es menor que la de los adultos jóvenes. Para compensar lo anterior, suelen dormir más temprano que el adulto joven y también acostumbran dormir siestas o tener micro sueños durante el día con lo cual cubren su cuota diaria de descanso. No obstante también existen trastornos de sueño durante la vejez.