Genética y su relación con el sueño

Elsueño es una función de nuestro organismo no aprendida, es decir, nadie nos enseña a dormir, por lo tanto, dicha función está determinada por el genoma. La diversidad en la expresión del sueño puede estar muy relacionada con el polimorfismo genético.

Dado que la familia de genes que regula el sueño es muy amplia, los polimorfismos de cada uno de ellos ampliarán las posibilidades de expresión, por lo que una gran cantidad de moléculas de nuestro organismo afectan al ciclo sueño-vigilia. En este sentido, existen factores genéticos que determinan la forma de dormir del ser humano a lo largo de la vida.

La propia genética dicta las distintas necesidades de sueño de acuerdo al desarrollo de los individuos, de esta manera, un bebé al nacer duerme un promedio de 18 horas diarias, en tanto que el adulto duerme alrededor de 8 horas. De acuerdo con diversos métodos de estudio, se han establecido teorías en relación a las necesidades de sueño entre un individuo y otro y la genética juega un papel preponderante.

Los registros establecidos en el código genético de cada persona tienen su regulación a nivel de estructuras cerebrales bien conocidas como el denominado reloj biológico o núcleo supraquiasmático, el hipotálamo y el tallo cerebral entre otras áreas, mismas que lanzan señales bioquímicas a través de neurotransmisores respecto al momento en que el individuo siente la necesidad de irse a descansar, así como la de despertar, definiendo no solo la hora, sino el tiempo que cada persona ha de dormir. Es importante tener presente que cada persona es distinta en sus requerimientos de sueño y descanso.

La manera de saber el tiempo que cada persona requiere dormir es el método denominado vacaciones de sueño, consiste en dejar que tanto el cerebro como el cuerpo por sí mismos determinen la hora en que se sienta la necesidad de dormir y de levantarse. Esto puede observarse con el tiempo que dormimos en fin de semana o en vacaciones.

Otros indicadores del tiempo que cada persona necesita dormir son la somnolencia y la fatiga diurna, así como la necesidad de consumir sustancias estimulantes durante el día para mantenerse alertas, como bebidas con cafeína o la nicotina. Esto significa que a mayor consumo de estas sustancias, mayor es la deuda de sueño acumulada en la semana por dormir menos de lo que el organismo requiere.