Principales afectaciones del descanso y sueño en los niños: Parasomnias

Las parasomnias son trastornos de la conducta durante el sueño asociados con episodios breves o parciales de despertar, sin que se produzca una interrupción importante del sueño ni una alteración del nivel de vigilia diurno. El síntoma suele estar relacionado con la conducta en sí misma y es muy frecuente en niños, aunque puede persistir hasta la edad adulta, donde tiene un mayor significado patológico.

Las parasomnias pueden ocurrir al inicio del sueño, asociado a alguna de las 4 fases de sueño o bien, al momento de despertar. Son trastornos que provocan que el niño haga algo extraño mientras está dormido: puede hablar, gritar, orinarse, moverse intensamente, levantarse a hacer cosas, etc. Las más comunes son las perturbaciones de activación: despertares confusos, terrores nocturnos y sonambulismo. Pueden ocurrir en cualquier infante, en pocas ocasiones o incluso en una sola y no volver a suceder.

Son trastornos benignos de sueño que normalmente ceden cuando se alcanza la adolescencia y si llegaran a persistir en este momento del desarrollo y más aún en la edad adulta, se debe sospechar de un trastorno neurológico conocido como epilepsia nocturna u otros trastornos de sueño como el ronquido y la apnea de sueño que usualmente están presentes en jóvenes y adultos con parasomnias.

Entre las parasomnias más frecuentes se encuentran el terror nocturno y el sonambulismo, mismos que normalmente ocurren por primera vez en niños de entre tres y seis años de edad, suelen ocurrir en la etapa tres o sueño de ondas lentas, momento en que se produce la hormona del crecimiento. Durante esta etapa de sueño profundo se activa simultáneamente y en forma parcial, el estado de alerta, los niños se incorporan y hacen cualquier actividad.

En el caso del terror nocturno hay una conducta de defensa, huida o temor. Se levantan súbitamente y parece que algo o alguien les hacen daño y que ellos lo miran pero en realidad, están en un estado de inconsciencia.

En la tercera fase, el niño no tiene la capacidad para percatarse de lo que acontece, como sí sucede en la cuarta, que es en la que ocurren los sueños; entonces mucha gente, incluso algunos médicos, tienden a confundirlos con pesadillas.

Estas últimas serán recordadas por el infante porque es un sueño de contenido ansioso pero el terror nocturno no lo podrá evocar; además, en las pesadillas, se pierde el tono muscular, mientras en el terror nocturno, se mantiene el tono muscular y es por ello que el niño se levanta y presenta la conducta defensiva o de huída.

Durante un episodio de terror nocturno los niños lloran, gritan, tienen mirada inexpresiva, conductas defensivas y eso altera a quien lo presencia, de manera que no solo se perturba el descanso del niño, sino también de sus familiares, a quienes les crea temor, incertidumbre y dudas en torno a cómo manejar el asunto. El sonámbulo solo se incorpora y realiza cualquier actividad.

Si se presenta esta afectación no es raro que la familia piense que el infante está espantado, poseído o que le pasa algo raro, y antes de llegar a consulta acuden con personas que por desconocimiento, lo atribuyen a causas sobrenaturales o pretenden solucionarlo con remedios caseros.

Si estos trastornos se diagnostican correctamente, son sencillos de entender y controlar. Por ejemplo, es un mito creer que si se despierta a un niño durante un evento de sonambulismo o terror nocturno, quedará afectado mentalmente o puede morir, lo único que sucederá es que estará confundido y no sabrá qué ocurre.

Si se presenta un evento de este tipo, se les debe llamar por su nombre, regresarlos con tranquilidad a la cama y no despertarlos, no porque les pueda suceder algo, sino porque no entenderían qué acontece y al sentir la actitud de quien trata de reanimarlos, pueden presentar conductas más defensivas. Además, no se les debe forzar para que digan si tuvieron una pesadilla porque si ocurre, la referirán naturalmente; si se les presiona, solo se creará una condición mayor de ansiedad.

Para diagnosticar estos trastornos es raro que se requiera el estudio de sueño, a menos que las conductas sean muy frecuentes o intensas. Al igual que el insomnio infantil, los niños con estas parasomnias, una vez diagnosticados, normalmente no requieren un tratamiento farmacológico, a menos que ocurra en repetidas ocasiones a lo largo de una semana, varias veces en una noche o si las conductas defensivas o de huida, son tan exageradas que pueden causar daño.

Entre los factores que contribuyen a que se presenten estos trastornos, están el desvelo o la ingesta de café, refresco de cola o chocolate en la noche, ya que contienen estimulantes que activan el sistema nervioso central y aumentan la presencia de las parasomnias de activación.

La exposición a programas con contenidos violentos, como películas de terror o noticiarios y presenciar discusiones entre los miembros de la familia, también favorecen la ocurrencia de parasomnias. De igual manera, es recomendable evitar los videojuegos agresivos y sangrientos porque la intensidad de la estimulación visual, auditiva y la energía que se gasta, facilitan la presencia de parasomnias. También es importante evitar estos juegos durante la noche, al menos 2 horas antes del horario de acostarse del niño.

Asimismo, un día de mucha actividad física o donde acontecen situaciones inusuales o una cena pesada, favorecen su aparición. Se ha visto en consulta que en muchos casos el factor de herencia está presente.

Con respecto al tratamiento, los casos que se presentan en el consultorio normalmente no requieren ningún tipo de estudio y se trata de manera conductual, con medidas de higiene del sueño. Por lo general, no se requiere más de una visita y es para explicar a los niños y a sus padres, qué ocurre, así como ayudarlos a identificar las causas y orientarlos para saber cómo reducir estas parasomnias.

Los niños que no sean atendidos se verán afectados en su crecimiento y desarrollo neurológico e intelectual, asimismo, son más proclives a presentar sobrepeso. Son pequeños retraídos y tienen problemas conductuales o de aprendizaje y se debe a que todas las funciones fisiológicas que cumple el sueño, se alteran por las constantes interrupciones en la continuidad del sueño provocadas por las parasomnias.

Estas son las parasomnias mas comunes pero también existe el bruxismo o fricción de dientes. Existe la idea de que el bruxismo está relacionado con parásitos intestinales y en realidad, tiene que ver con niveles elevados de ansiedad.

También existen casos de somiloquio, comúnmente conocido como hablar dormido, el cual se presenta en niños ansiosos o muy inquietos durante el día.

Otra parasomnia común, es la enuresis nocturna que consiste en la emisión involuntaria de orina mientras el niño duerme. Nuevamente la ansiedad está presente, así como una disminución en la funcionalidad de la vejiga.

No olvidar las pesadillas o sueños de contenido ansioso, que pueden confundirse con terrores nocturnos. La diferencia está en que una pesadilla es relatada espontáneamente por el niño, mientras que en el terror nocturno no recuerda lo ocurrido.

En conclusión, existen diferentes trastornos de sueño que se acompañan de conductas atípicas al intentar dormir, durante las 4 etapas de sueño o bien, al despertar. Las parasomnias, son en general benignas y de buen pronóstico, tienen que ver generalmente con algún grado de ansiedad, desvelo y mala higiene de sueño. Rara vez requieren tratamiento farmacológico y es la higiene de sueño la que ayuda a prevenir y controlar este tipo de trastornos.